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Cómo tomar riesgos de forma inteligente

      
<p> Vivir una vida sin riesgos es como vivir la vida de otro. Muchas veces hay que cerrar los ojos, respirar profundamente y atreverse a tomar esa decisión inteligente que tanto nos ha costado. <br/></p><p> A continuación te presentamos cinco consejos prácticos publicados en el blog <strong>penelopetrunk.com</strong>, que te ayudarán a ejecutar esas ideas arriesgadas que revolotean en tu mente. <br/></p><p><strong>1.    Los arrepentimientos más profundos tienen que ver usualmente con el no haber tomado más riesgos.</strong> Si le preguntas a una persona al final de su vida cuál es su mayor arrepentimiento, seguramente te responderá el no haber tomado decisiones más arriesgadas. Recuerda que tu vida te pertenece y sólo puedes vivirla una vez. <br/></p><p><strong>2.    Equivocarse cuesta muy poco.</strong> Es tu vida y tienes derecho a cometer errores. Además, a las personas normalmente no les importan tus errores porque están demasiado interesadas en si mismas. Si el riesgo que estás a punto de tomar es financiero y fracasa, puede que influya bastante en tu vida pero no dejes de recordar que el dinero es sólo parte de ella y puede ser recuperado. <br/></p><p><strong>3.    </strong>En general somos más resistentes de lo que pensamos, pero <strong>tendemos a engañarnos conformándonos con poco para no tomar muchos riesgos.</strong> Esto es un grave error ya que no hay casi nada en la vida que no sea superable, y si no hacemos lo que nos gustaría hacer nuestra felicidad va a estar topeada. <br/></p><p><strong>4.    No hagas que el riesgo se convierta en algo más grande de lo necesario. </strong>Intenta sacarle peso, el miedo y la <strong>ansiedad</strong> hacen que maximicemos mucho las cosas. Pide opiniones a otras personas que hayan tomado riesgos similares, te ayudarán a ver el tuyo con más y mejor perspectiva. <br/></p><p><strong>5.    La mayoría de los riesgos terminan en cosas buenas</strong>. Por ejemplo, mucha gente exitosa ha tomado malas decisiones de carrera. Todos nos equivocamos y podemos volver atrás. Lo que no se puede volver atrás es el no haber hecho algo que teníamos muchas ganas de hacer sólo porque implicaba un riesgo. Una vida sin riesgos no vale la pena ser vivida.<br/><br/><br/><br/></p>

Vivir una vida sin riesgos es como vivir la vida de otro. Muchas veces hay que cerrar los ojos, respirar profundamente y atreverse a tomar esa decisión inteligente que tanto nos ha costado.

A continuación te presentamos cinco consejos prácticos publicados en el blog penelopetrunk.com, que te ayudarán a ejecutar esas ideas arriesgadas que revolotean en tu mente.

1.    Los arrepentimientos más profundos tienen que ver usualmente con el no haber tomado más riesgos. Si le preguntas a una persona al final de su vida cuál es su mayor arrepentimiento, seguramente te responderá el no haber tomado decisiones más arriesgadas. Recuerda que tu vida te pertenece y sólo puedes vivirla una vez.

2.    Equivocarse cuesta muy poco. Es tu vida y tienes derecho a cometer errores. Además, a las personas normalmente no les importan tus errores porque están demasiado interesadas en si mismas. Si el riesgo que estás a punto de tomar es financiero y fracasa, puede que influya bastante en tu vida pero no dejes de recordar que el dinero es sólo parte de ella y puede ser recuperado.

3.    En general somos más resistentes de lo que pensamos, pero tendemos a engañarnos conformándonos con poco para no tomar muchos riesgos. Esto es un grave error ya que no hay casi nada en la vida que no sea superable, y si no hacemos lo que nos gustaría hacer nuestra felicidad va a estar topeada.

4.    No hagas que el riesgo se convierta en algo más grande de lo necesario. Intenta sacarle peso, el miedo y la ansiedad hacen que maximicemos mucho las cosas. Pide opiniones a otras personas que hayan tomado riesgos similares, te ayudarán a ver el tuyo con más y mejor perspectiva.

5.    La mayoría de los riesgos terminan en cosas buenas. Por ejemplo, mucha gente exitosa ha tomado malas decisiones de carrera. Todos nos equivocamos y podemos volver atrás. Lo que no se puede volver atrás es el no haber hecho algo que teníamos muchas ganas de hacer sólo porque implicaba un riesgo. Una vida sin riesgos no vale la pena ser vivida.




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