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El sentimiento de culpa en la niñez podría despertar trastornos en la vida adulta

      
Autor: Runar Pedersen Holkestad  |  Fuente: Flickr

Romper un objeto preciado, golpear a algún integrante de la familia o perder una pieza costosa durante la niñez podría ser más grave de lo podría parecer. Éstos, así como otros acontecimientos que despiertan sentimientos de culpa extrema en la infancia, pueden provocar desordenes mentales como depresión, bipolaridad o ansiedad en la etapa adulta.

 

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A esta conclusión llegaron un grupo de investigadores de la Universidad de Washington luego de escanear el cerebro de 145 pequeños en edad escolar. Pruebas que combinaron con una encuesta a sus padres sobre si habían demostrado algún síntoma de culpa excesiva durante esas semanas.


Los datos recolectados en más de 12 años de trabajo, permitieron a los especialistas observar que cuando la ínsula anterior -sector del cerebro responsable de regular la percepción, la conciencia y la emoción- registra un menor tamaño, el individuo está más predispuesto a la aparición de trastornos como ansiedad, depresión, esquizofrenia, entre otros padecimientos.


Sobre estos hallazgos, la psiquiatra Joan Luby señaló que aquellos menores con grandes sentimientos de culpa registraron un menor volumen de ínsula anterior, condición que podría llevar a la posterior aparición de depresión.


Luby agregó también que esta investigación permite concluir que las experiencias vividas durante la primera infancia inciden en la forma en que se desarrolla el cerebro. Además, señala se trata de un estudio relevante dado que es uno de los primeros que aborda la relación existente entre los sentimientos de culpa y las diferencias físicas en el cerebro.


Por su parte, la profesora de psicología de la Escuela de Medicina de la mencionada universidad, Michelle New, añadió que estos hallazgos serán útiles para detectar a nivel físico a aquellos niños que en su etapa adulta podrían desarrollar desordenes mentales.


Ambas especialistas explicaron que a partir de estos nuevos datos, la universidad comenzó a implementar técnicas para que los pequeños aprendan a manejar el sentimiento de culpa, con el objetivo de reducir los riesgos de padecer algún trastorno a futuro.

 

Estudios anteriores se aproximaban a estas conclusiones


Durante el 2013, científicos de la Universidad de Jyväskylä encontrar que aquellos niños criados a base de técnicas que despertaban el sentimiento de culpa, conservaban el enojo o la angustia por varios días después de recibido el rezongo.


En esta misma línea, otro estudio realizado en 2003 por la Universidad de Vermont, agregó que estos pequeños tendían a internalizar sus problemas, lo que en su vida adulta podía llevarlos a padecer depresión o ansiedad.


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