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Cuestionan la seguridad de los micros de doble piso

      

Un estudio de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo)  que indaga sobre el uso desmedido de  micros de doble piso sostiene que  no son seguros al momento de efectuar maniobras bruscas o  soportar los efectos de vientos laterales de gran magnitud.

Pero el problema se agudiza porque "da la impresión que los pasajeros se inclinan por vehículos monumentales e impactantes, vaya a saber por qué extraña razón del subconsciente", analiza el director de la investigación, Roberto Tomassiello, ergónomo, consultor en diseño de carrocerías y docente de la UNCuyo. Según una encuesta de Cesvi Argentina (que agrupa a aseguradoras de transporte) realizadas en la Terminal de Retiro, sobre 100 pasajeros a punto de abordar distintos micros de larga distancia, el 80% manifestó la preferencia de viajar en ómnibus de dos pisos por ser modernos, cómodos y espaciosos, y sólo un 20% puso una voz de duda respecto a la seguridad de este medio de transporte.

La advertencia de los investigadores se apoya también en que sólo en nuestro país estos micros recorren distancias largas. Por el contrario, en Europa se destinan a servicios turísticos en recorridos cortos (no más de 300 o 400 km). Y en América Latina, aún no tienen una presencia destacada.

Un poco de historia

Para entender el por qué Argentina se acostumbró a los micros de doble piso hay que retroceder un poco en el tiempo. Hasta 1980, los ómnibus de larga distancia poseían dos ejes, su longitud no superaba los 12 o 13 metros y, por lo general, la altura total no excedía 3,50 metros. "Estas características técnico-constructivas determinaban que durante el desplazamiento (aún a velocidades relativamente altas) los micros tuvieran un comportamiento estable, con un nivel de seguridad adecuado", explica Tomassiello.

A comienzos de los ´80, algunos de los más importantes constructores de Rosario (donde se concentra la industria nacional de carrocerías) plantearon diseños de productos de mayor altura, que con el tiempo tuvieron gran aceptación en el sector de los empresarios del transporte. Estas unidades se conocen como de "piso elevado", porque tienen la cabina para los tripulantes más baja que la de los pasajeros.

El siguiente salto en el tiempo llega a 1986, cuando comenzaron a construirse unidades de "piso y medio" (cabina de pasajeros por encima de la del conductor y sus auxiliares, superpuestas al frente) y a 1988 cuando llegó el turno de las de "doble piso" (dos cabinas para pasajeros, en diferentes niveles y superpuestas).

Pero es recién a partir de 1992-93 cuando estos grandes micros empiezan a tener una aceptación definitiva en el mercado, luego de la paralización del transporte ferroviario en casi todo el país, que llevó a una gran masa de pasajeros a cambiar el tren por el micro para recorrer largas distancia. A ello debe agregarse que para rentabilizar el servicio, los empresarios del transporte decidieron llevar cada vez más pasajeros en una misma unidad.

Menos altura y más espacio

Para Tomassiello, no sólo los micros de doble piso son inseguros, sino también los de piso y medio y piso elevado, aunque los primeros son sin duda los más vulnerables por su mayor altura (cuatro metros), que los hace inestables.

"Los vuelcos tienden a decapitar las carrocerías a la altura del antepecho, es decir en la parte baja de las ventanas laterales -explica el especialista-. En el caso de las unidades doble piso, ese efecto se produce en la planta superior, haciendo desaparecer virtualmente todo lo que se ubica por encima del nivel citado".

Esto ocurre por una razón estructural muy sencilla, dice Tomassiello: "las carrocerías de ómnibus poseen un núcleo de fuerte resistencia entre los niveles del antepecho y el piso, por la sólida retícula espacial de acero que se ubica en esa franja lateral. Sin embargo, en el área de las ventanas, la resistencia disminuye sensiblemente por los grandes vanos que carecen de elementos capaces de soportar esfuerzos evitando deformarse. Hay dos zonas vecinas de resistencia desigual, prácticamente sin transición entre ellas".

Además, advierte que la altura provoca que se construyan escaleras empinadas con muy poco espacio para desplazarse, que sufren sobre todo embarazadas, ancianos y discapacitados.

Por estas razones, desde la UNCuyo consideran prudente desalentar la construcción de estos micros, "por la seguridad de los pasajeros y también por la de quienes transitan por las rutas de nuestro país", advierten en sus conclusiones.

Y proponen modificar el diseño de las carrocerías, con una altura máxima no mayor a tres metros y medio, puesto que permite a los pasajeros un acceso fácil sin demasiados escalones internos, y brinda una aceptable capacidad de bauleras bajo el piso. "Debemos tener en claro que los ómnibus no son simultáneamente vehículos para transporte de carga y de personas. O una cosa, o la otra", dice Tomassiello. También piden que se incorporen puertas de emergencia laterales, con su parte inferior al nivel del piso. De esta manera, los pasajeros para llegar al suelo sólo tendrían que salvar una altura de un metro.

"Y si quisiéramos complejizar un poco más la propuesta, podríamos incorporar toboganes inflables bajo las puertas, similares a los usados en aviones, por lo menos para el caso de ancianos o personas con restricciones en su movilidad", concluye el informe.


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