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Estudian en el ITBA cómo sacar el arsénico del agua

      

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    El drama del arsénico que amenaza la salud de millones de argentinos podría ser un asunto del pasado para 2009. Un equipo de investigadores, profesores y alumnos del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) ya comenzó a estudiar un innovador filtro de óxido de hierro macizo que permita elevar el nivel de pureza del agua corriente o de pozo mediante el filtrado de metales pesados.

    Se trata de una investigación inédita en el país que aspira a remover este contaminante junto con el plomo y el cromo mediante una membrana cerámica de bajo costo e impacto ambiental que se encargará de absorber los metales en forma sencilla a nivel domiciliario.

    El estudio, que demandará unos tres años y más de 200 mil dólares de inversión, está dirigido por la ingeniera química María Marta Fidalgo y un grupo de 10 alumnos que están entusiasmados con el desafío de aplicar lo que estudian en un dispositivo concreto y de aplicación a escala.

    La idea es producir una solución de fácil utilización para cualquier habitante de zonas donde se consuman aguas subterráneas. Allí es donde se encuentra el arsénico, un contaminante inorgánico de alto poder tóxico que afecta la piel y hasta puede producir cáncer debido a una exposición prolongada o consumo indiscriminado.

    El arsénico se encuentra en las napas en forma natural y no hay hasta ahora tratamiento alguno que lo separe del agua

    Este metal pesado se encuentra extendido en gran parte de la Argentina: fue detectado en las napas de provincias como Santiago del Estero, Chaco, Salta y Santa Fe. Pero incluso 31 municipios bonaerenses con alta densidad de población también fueron sindicados como sitios con alta presencia de arsénico, según un estudio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

    Al parecer, el máximo tolerable de 50 partes del metal por billón llegaría a cuadruplicarse en estos lugares. De ahí la importancia estratégica que reviste este proyecto del ITBA, que además prevé el filtrado de otros materiales orgánicos de las corrientes acuosas, como pesticidas, hidrocarburos y herbicidas.

    En diálogo con Universia, Fidalgo reconoció que es clave estudiar la química de la absorción. "Es decir lo que ocurre sobre los poros de la membrana por efecto de la acumulación. Ahora estamos analizando la competencia entre metales y qué hacer para cuando esa superficie se sature y pierda capacidad de filtrado".

    ¬Este es justamente uno de los mayores desafíos que tendrá la investigación: estudiar la efectividad de las metodologías para la limpieza de la superficie de la membrana con ensuciamiento orgánico, de manera de obtener un material que sea reactivo y autolimpiante.

    Según dijeron los responsables de este trabajo, más allá de estar pensado para zonas donde se consuma agua directamente de las napas, la membrana también podría ser de utilidad en poblaciones que incluso poseen el servicio de agua corriente.

    Es que pese a los procedimientos de purificación a las que son sometidas, las aguas suelen llegan a los domicilios con presencia de metales ya que el tratamiento se basa casi en exclusividad al clorado del elemento y no a su filtrado completo.

    "Los filtros que vemos comunmente en los hogares son más bien para tratar el tema del gusto mediante la separación del cloro y demás cuestiones que influyen en el sabor, pero no filtran el arsénico ni los otros metales", aseguró Fidalgo a este portal.

    De todos modos, el desarrollo universitario siempre se pensó para aguas aptas para el consumo humano y no para utilizarla en efluentes altamente contaminados. Es decir que la membrana serviría para purificar casi del todo el agua potable, ya sea de pozo o corriente.

    Las membranas serían de un costo casi imperceptible para la economía del hogar, dicen los investigadores

    Consultada acerca del costo que podría tener para un hogar la adquisición de este dispositivo, la investigadora del ITBA aclaró: "Si bien no lo podemos determinar ahora, sabemos que debe ser un desarrollo de muy bajo costo porque sino sería muy difícil de implementar. No olvidemos que hoy el potencial usuario no paga nada por consumir el agua", remarcó Fidalgo.

    Si bien el proyecto recién empieza a gestarse, tanto profesores como alumnos no han parado un minuto de pensar en las membranas. En junio viajaron a Brasil a estudiar con un láser especial cómo es la interacción entre el metal pesado y la superficie. Y ahora en Buenos Aires buscarán nuevas respuestas en torno a la capacidad de retención de los poros.

    "El plan están en marcha. Los chicos tienen miles de incógnitas en este proyecto. Pero están todos tratando siempre de buscarle la vuelta mediante la investigación y la creatividad", aseguró Fidalgo, confiada de poder mostrarle al país dentro de tres años un desarrollo innovador pensado por universitarios para mejorar la salud de la gente.


    El equipo

    Acompañan a María Marta Fidalgo los alumnos Gonzalo Arufe, María Josefina Fernández, Emilio Berkenwald, Cecilia Rey Méndez, Tiziana Boncagni, Justo Otaegui, Evelyn Wagner, Natalia Chalup y Nicolás González Eiras.

    El proyecto ya cuenta con una financiación de 225.000 pesos de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica a través de sus proyectos PICTO.



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