Wednesday :: 16 / 04 / 2014

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Noticia

La educación, el empleo y la exclusión juvenil

El Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL) investigó la escolaridad en los adolescentes de la Argentina, Chile, Brasil y México. Pese a una mayor equidad educativa, los excluidos aún no logran entrar al sistema


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De acuerdo con el nuevo informe del Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), la masificación de la escuela media entre 1990 y 2000 en Argentina, Chile, México Brasil implicó una mayor equidad educativa entre los jóvenes de 15 a 17 que prefirieron el colegio al trabajo.

Este aumento en la cantidad de adolescentes en las aulas no fue casual: al mismo tiempo disminuyó la presencia de chicos en el mercado laboral. Sin embargo, aún los efectos de la mayor escolarización tienen un bajo impacto en los sectores más desfavorecidos.

Tal como explica en la investigación este reconocido organismo latinoamericano, "a pesar de la expansión de la matrícula, los sectores excluidos, aquellos que no estudian y no trabajan ni buscan empleo, permanecen fuera del sistema. Se enciende así un alerta sobre las limitaciones de las políticas sociales para revertir el círculo vicioso de la pobreza".


Una situación comparada

Los resultados de este informe dan cuenta que mientras en los 90? un 46,5 por ciento de los adolescentes brasileños trabajaba o buscaba empleo y en Chile apenas lo hacían el 9,3 por ciento, en el año 2000 ambos países seguían ocupando las posiciones extremas, pero las tasas descendieron al 36,2 y al 6,2 por ciento respectivamente.

Un caso llamativo fue el de México, donde la tasa de actividad se mantuvo en alrededor del 30 por ciento a lo largo de todo el período. Si bien allí el trabajo adolescente se mantuvo, aumentó notoriamente la proporción de estudiantes. En el año 90 la menor cobertura se registraba en ese país con el 59 por ciento de los jóvenes escolarizados y la mayor en Chile con el 83,3 por ciento. Para el año 2000, dos tercios de los adolescentes mexicanos estaban en la escuela y el 90 por ciento de los chilenos.

"Si se tiene en cuenta que la situación óptima es la de los adolescentes que sólo estudian y no trabajan ni buscan empleo, en el 2000 el 56 por ciento de los estudiantes brasileños y mexicanos se encontraban en esa situación y más del 80 por ciento de los argentinos y chilenos", dice el SITEAL.

Es decir que en los dos países más grandes de América Latina casi la mitad de los alumnos de 15 a 17 años son también trabajadores o quieren serlo. A pesar de la alta incidencia que tiene en Brasil ese grupo, tanto en ese país como en Argentina y Chile la situación óptima es la que más creció en los ?90.

"Los datos permiten inferir que tanto en Brasil como en la Argentina, las reformas educativas del ?90 posibilitaron la inclusión de más jóvenes dentro de las aulas, atrajeron, inclusive, a aquellos que eran económicamente activos pero no estudiaban. Sin embargo, los excluidos, el universo de los que no estudia y no trabaja ni busca trabajar sigue siendo una frontera infranqueable que limita los efectos sociales de las reformas", apunta la investigacion.

El mismo informe se pregunta en un tramo en qué medida el incremento de chicos en las aulas significa una disminución de la inequidad social. Al parecer, la clave pasa por conocer el clima educativo de los hogares, es decir la cantidad de años de escolaridad de los miembros de la familia mayores de 18 años.


El entorno familiar

El SITEAL concluyó que en los cuatro países, tanto en 1990 como en el 2000, los adolescentes provenientes de hogares con mejor clima educativo son los que sólo estudian. A principios de los ?90, el país más inequitativo era Brasil donde las probabilidades de estudiar y no trabajar eran 2,5 veces mayores entre los jóvenes de hogares con alto clima educativo que entre los de bajo clima educativo. En Chile, en cambio, se registraba la situación más igualitaria con una brecha de 1,6.

Además, si bien tanto en Argentina como en Brasil y Chile, el cociente se mantiene por encima de 1, a lo largo de la década las brechas sociales se redujeron. México es el único de los cuatro países donde el aumento de la escolarización no implicó un decrecimiento de la cantidad de adolescentes económicamente activos, la brecha aumentó de 2,1 a 2,6.

De hecho, el 57 por ciento de los adolescentes mexicanos que residen en hogares con bajo clima educativo no estudia, mientras que el 92 por ciento de los que provienen de hogares con alta escolarización sólo estudia y no trabaja ni busca empleo.

Tal como cuenta el SITEAL sobre su metodología de trabajo, para develar el impacto de las políticas de masificación de la educación en los sectores excluidos, representados por los adolescentes que no estudian ni trabajan, las brechas se calcularon en sentido inverso, es decir como cociente entre el porcentaje de jóvenes provenientes de hogares con bajo clima educativo respecto a los de clima educativo alto.

De esta forma se llegó a la conclusión que en los cuatro países analizados se agudizó la distancia entre los adolescentes en situación más desfavorable.


La exclusión, un problema que no cesa

En 1990, en Argentina y Chile, las probabilidades de que los jóvenes de 15 a 17 años pertenecientes a hogares con bajo clima educativo no estudiaran ni trabajaran o buscaran trabajar sextuplicaban a las de los adolescentes de familias con alto capital cultural.

En la interpretación del organismo se desprende que estas elevadas brechas del 2000, en todos los países ?aunque menos extrema en México?se debe a que los excluidos son cada vez más homogéneos socialmente. "Los adolescentes provenientes de hogares con alto capital cultural prácticamente no tienen representatividad en ese grupo. De forma tal que el círculo de pobreza no se corta y torna más difícil el desarrollo de políticas de inclusión", distingue el informe.

En los cuatro países, las mujeres tienen una presencia mayoritaria entre los adolescentes excluidos: en el 2000, en Argentina y Chile constituían el 60 por ciento de ese grupo, en Brasil se elevaba al 68 y alcanzaba el 82 por ciento en México. A lo largo de la década tanto en Argentina como en Chile disminuyó el peso relativo del sexo femenino entre los adolescentes que no estudian ni trabajan mientras que en Brasil y México se mantuvo en valores similares.

Por último, se informó que Brasil experimentó el mayor incremento en la escolarización de los adolescentes y también presenta el mayor porcentaje de atraso etario, el 44 por ciento. Le sigue Argentina con un 30 por ciento.

En cambio Chile y México muestran un menor crecimiento en la masificación aunque tienen mejores resultados en términos de sobreedad. Cabe destacar que mientras en el 2000 Chile logra la incorporación al sistema del 90 por ciento de los jóvenes, en México sólo el 66 por ciento de esa franja etaria llega a la escuela.

El acceso o la reinserción escolar de adolescentes de sectores más pobres agudizó la tensión entre equidad y calidad educativa y puso en evidencia los límites del modelo pedagógico tradicional del nivel medio. El desafío es diseñar y aplicar una oferta que además de la inclusión garantice la calidad para todos.


Las conclusiones de un estudio clave


Fuente: SITEAL


Fuente: SITEAL





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