Wednesday :: 01 / 10 / 2014

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"Escribimos un párrafo en la historia de la vida"

Así definió al descubrimiento y estudio de un artrópodo fósil de 450 millones de años el científico jujeño Emilio Vaccari. En diálogo con Universia, contó qué pasará ahora con la pieza hallada, cómo es el día de un investigador y su visión sobre las nuevas generaciones


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Apankura machu, el artrópodo fósil de 450 millones de años encontrado en el pequeño pueblo jujeño de Palpalá no sólo es digno de una nota en la prestigiosa revista Nature. Porque además de ser el protagonista de uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de la historia, esta pieza deja al descubierto el trabajo de un hombre que dedicó noches enteras para descifrar un nuevo desafío. Qué hacer frente a un objeto que destila historia por cada poro inerte.

Ese hombre es Emilio Vaccari, un investigador del Conicet que desde el Instituto de Geología y Minería de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) le mostró al mundo los secretos de este cangrejo prehistórico. Y ahora, en diálogo con Universia, dejó abierto el mundo interior del científico, sus vivencias, el esfuerzo y los próximos pasos de su carrera.


¿Qué significa para un investigador toparse con el descubrimiento?

Debo decir que como paleontólogo cada vez que salimos al campo tenemos oportunidad de toparnos con algún descubrimiento, este puede ser hallar una nueva especie, un nuevo género, o fósiles que nos permitan determinar la edad de algunas formaciones geológicas y de esta manera contribuir a dilucidar la historia geológica de un área. Esto ya justifica nuestra tarea y dedicación.


¿Pero en este caso?

Este descubrimiento para mi ha sido distinto, desde que vi la pieza, con su exquisita preservación se me presentó como un gran desafío. En ese momento, sólo podía decir que era un artrópodo no calcificado y por los fósiles asociados era del Cámbrico marino, pero no tenia idea en que grupo podría encajar.

Como se hace habitualmente empece comparándolo con otros artrópodos no calcificados del Cámbrico. Leí todo lo que estaba a mi alcance, traté de acceder a toda la bibliografía de estos grupos. Le tomé varias fotografías, pasé horas mirándolo a la lupa para interpretar sus rasgos, lo dibujé. Pero no encajaba en nada de lo que había visto.


Entonces, ¿cómo llegó a encontrar las primeras puntas?

Me despejé de algunos prejuicios, como por ejemplo de que era cámbrico y que era marino, y así apareció un artrópodo del Triásico medio de Australia, Synaustrus brookvalensis Riek, 250 millones de años más joven y de un ambiente continental y me dije "no puede ser, es el bicho que hasta ahora más se le parece".

Así traté de conseguir la bibliografía que hubiera de los euthycarcinoideos, el grupo al que pertenece Synaustrus. Después de compararlo con otros euthycarcinoideos, ya no tuve dudas, debía pertenecer a este grupo. Aquí me di cuenta de la envergadura del hallazgo. Ahora si, necesitaba otra opinión y le escribí a mi amigo Greg Edgecombe del Australian Museum, especialista en filogenia de artrópodos y que había revisado particularmente este enigmático grupo.


Y él, ¿qué pensó?

Greg cuando lo vio tampoco lo podía creer, era un euthycarcinoideo, cámbrico y marino, pero me dijo algo más: "esa estructura debajo de la cabeza es la misma que ha sido descripta en el último némero de la revista Paleontology como una mandíbula para Heterocrania, un euthycarcinoideo del Devónico de Escocia, no hay dudas es una mandíbula".


Increíble, no?

¡Qué puedo decir! Toqué el cielo, no sólo teníamos el más viejo, sino que podíamos resolver un larga discusión, que habían sostenidos numerosos autores sobre la relaciones filogenéticas del grupo. Luego aparecieron las trazas fósiles en el escenario y así pudimos reforzar los argumentos de una hipótesis que autores canadienses y británicos habían propuesto, previamente, de que las primeras trazas de un animal desplazándose fuera del agua pudieron haber sido realizadas por algún euthycarcinoideo.

Aquí sabíamos que estabamos escribiendo un párrafo en la historia de la vida, y lo hacíamos desde una pequeña universidad en Jujuy. Las sensación de un logro tan importante fue increíble y todavía perdura, es una mezcla de felicidad, de orgullo. También es importante decirlo y es lo que he vivido luego que tuvo prensa la publicación y es el reconocimiento de la gente, de los cercanos y no tan cercanos. Qué la opción ha sido válida.


¿Cuáles fueron los pasos que se siguieron antes de encontrar la pieza?

En este caso el hallazgo de la pieza fue fortuito, por parte de un estudiante jujeño de geología de la Universidad Nacional de Tucumán, apasionado por la paleontología, que sale frecuentemente a la caza de fósiles. Luego del hallazgo Cristian me llamó por teléfono y lo trajo a mi laboratorio. Es interesante señalar aquí que este alumno me conocía por una charla que tuvimos cuatro años atrás cuando vino al Instituto de Geología y Minería de la UNJu buscando asesoramiento para despejar dudas sobre su orientación vocacional y quizás, no lo sé, pude trasmitirle mi misma pasión por los fósiles.


¿Le llamó la atención su forma de trabajar?

Cuando le pregunté porque me buscó a mi para mostrar su hallazgo me dijo que conocía mi trayectoria y mis trabajos. Así, de esta manera quiero contestar la pregunta de cuáles fueron los pasos que se siguieron antes de encontrar la pieza. Estos fueron el trabajo constante, la pasión por lo que uno hace y, aunque uno crea que a nadie le importa, seguro que hay alguien que nos está observando.


Seguí leyendo la entrevista


Conocé en detalle al fósil


Fuente: UNCu





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