Monday :: 22 / 12 / 2014

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Noticia

La crisis del matrimonio

El desempleo, las relaciones rígidas basadas en la dominación y la falta de comunicación atentan contra el matrimonio. La tendencia es la convivencia en pareja y la constitución de relaciones menos formales. Ana Cristina de la Cruz, docente de la UNC, analiza las principales causas y efectos del divorcio


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El aumento del número de parejas que optan por convivir antes que por contraer matrimonio, la disminución de los casamientos y la creciente cantidad de solteros, alertan sobre la crisis del modelo tradicional de unión conyugal que rigió a la sociedad argentina hasta buena parte del siglo pasado. De la mano del avance de la mujer en el terreno laboral, junto a cambios socioculturales que afectaron el prototipo de familia convencional, el casamiento dejó de ser hace tiempo la vía obligada para constituir un hogar. De hecho, los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) indican que el 33 por ciento del total de la población que vive en unión, lo hace en concubinato, a la par que ascendió el porcentaje de hijos nacidos fuera de las uniones legales.

¿Por qué fracasa el matrimonio y se tienden a establecer uniones menos estables y más laxas? Para Ana Cristina de la Cruz, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba y coautora del libro "Divorcio", muchas veces los conflictos aparecen durante el comienzo de la relación.

Un estudio llevado a cabo por la psicóloga en el marco de la Maestría en Métodos y Técnicas de Investigación en Ciencias Sociales, y realizado sobre la base de 30 entrevistas en profundidad y 150 encuestas aplicadas a personas divorciadas de entre 25 y 60 años, indica que en la mitad de los casos se casaron muy jóvenes, muchos de ellos presionados por un embarazo o por un impulso adolescente. "Esta brusca e inesperada salida del hogar y la inmadurez de los miembros de la pareja trajeron como consecuencia la dependencia emocional y en general económica de sus padres", explica la licenciada, y agrega que "muchos debieron postergar proyectos personales, como el estudio, porque el rol de padres era prioritario al de cónyuge, que aparece poco desarrollado". Otros casamientos respondieron más a un proyecto de los progenitores que a uno de los propios protagonistas, o a la búsqueda de una solución a problemas personales, como escapar de situaciones familiares conflictivas. Si a éstos se suman los que concretaron la unión como consecuencia inevitable de un noviazgo prolongado, y los que reconocen la falta de afecto desde el inicio de la relación, se detecta "un importante grupo de sujetos que comenzó su matrimonio en condiciones críticas", observó.

Desempleo versus matrimonio
La falta de trabajo no sólo trae aparejada la estrechez material de la familia, sino que afecta particularmente al hombre en el orden de lo psicológico, al punto que sufre desórdenes emocionales y transita estados depresivos. Concebido culturalmente bajo la figura de marido proveedor, el cónyuge desempleado comienza a perder su identidad: "Parece que el hombre vale más cuando tiene un trabajo prestigioso o gana más dinero, y es poco hombre cuando no genera ingresos", comentó de la Cruz, al tiempo explicó que en estas situaciones la mujer comienza a perderle el respeto al esposo.

Un cóctel explosivo
A los problemas eventuales derivados de la falta de trabajo o las mudanzas se agregan los que surgen de la propia relación, donde la infidelidad es la que lleva la delantera. La traición a la exclusividad sexual muchas veces se presenta como un hecho anunciado: "No es que el matrimonio funciona de maravilla y de pronto aparece alguien que lo hace tambalear, sino que se genera en función de la insatisfacción de la pareja", explica la licenciada. En el segundo puesto se inscriben la falta de comunicación, que hace más difícil encarar los conflictos en común, seguida del maltrato físico y emocional establecido en las relaciones basadas en el binomio dominación-sumisión. En la mayoría de estos casos, se comienza a transitar en el terreno de lo irreversible: "Cuando una pareja se torna violenta y ello se hace crónico, es bastante complejo modificar la situación, porque la coacción, las agresiones verbales y la constante desvalorización del otro dejan secuelas difíciles de sanar", comenta la psicóloga.

Consecuencias
Al parecer, los efectos del divorcio se hacen sentir más en los hombres que en las mujeres: afectados por el cambio de conducta de los hijos derivado de la pérdida del trato cotidiano con ellos, los varones quedan más aislados y desprotegidos afectivamente. Así lo señala el estudio, que atribuye a esta razón el porcentaje más elevado de segundas y terceras nupcias en el sexo masculino. La ex esposa, en cambio, recibe más apoyo afectivo y material de sus parientes, pero sufre en mayor medida el descenso de la calidad de vida, al tiempo que se registra una sobrecarga de sus tareas y funciones, sobre todo cuando el padre no asume sus responsabilidades. "Con el divorcio hay varias pérdidas: la del proyecto, la económica, la sensación del fracaso, las implicancias sobre los hijos y además la desestructuración de la red social, porque durante la separación se pierden muchos amigos y familiares que no están de acuerdo con la decisión", destaca de la Cruz.

La tendencia: el concubinato
Desde la sanción de la ley de divorcio vincular argentina, en 1987, que permitió que las personas casadas puedan disolver el vínculo y recuperen la aptitud nupcial, se registró un aumento del mismo durante la primera década. Sin embargo, a partir de 1990 a la fecha la tendencia se revirtió y la tasa de divorcio viene en baja. ¿El motivo? No es precisamente la consolidación del matrimonio como institución, sino más bien, todo lo contrario. La caída del índice de uniones legales se explica por la disminución de los casamientos, y por el aumento de los concubinatos y las separaciones de hecho, de las cuales, "no queda asiento legal". "Existe una cifra negra que no está registrada, y que está conformada por las parejas que no se han casado pero que conviven durante años, tienen hijos, y luego se separan; o gente casada y separada, y que no ha hecho el divorcio por razones económicas, religiosas, o de conveniencia", explicó de la Cruz. En su opinión, la ruptura legal constituye actualmente "una salida factible", entre una gama de posibilidades: "De hecho, cuando no existía, la gente se separaba y se volvía a juntar", agregó. En efecto, las estadísticas del INDEC señalan que en los últimos diez años, las uniones consensuales crecieron el 25 por ciento, y que la tendencia se acentúa entre los jóvenes de entre 15 y 29 años. La resistencia al casamiento y la preferencia por la convivencia "sin papeles" tienen que ver, según la psicóloga, con la falta de compromiso y "un espíritu más individualista, donde se piensa que si la cosa no funciona, se termina inmediatamente".


Prensa Institucional UNC



Fuente: Vida Universitaria, Diversica.com





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