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Los 10 peores errores de un docente universitario a la hora de enseñar

      
Fuente: Shutterstock

Muchos profesores universitarios comienzan su carrera docente sin tener experiencia. Esto hace que con frecuencia se cometan una larga lista de errores muy comunes, asegura el profesor universitario Richard M. Felder, de la Universidad Estadual de Carolina del Norte en un artículo publicado en el sitio web de la universidad. Es que la docencia en el ámbito universitario es quizás la única profesión calificada para la cual no se requiere ni se proporciona preparación previa. Uno obtiene su título de doctorado, se une a la facultad e inmediatamente después se encuentra dando clases, asegura el profesor. 

A partir de su experiencia asesorando a docentes que atraviesan por esta situación en la que se ven obligados a aprender a partir de las equivocaciones que cometen a medida que acumulan horas de clase, el profesor norteamericano elaboró una lista con los errores más frecuentes a la hora de enseñar. Algunos de los puntos que mencionaremos a continuación pueden justificarse, por lo tanto, no se trata de evitarlos sino intentar que no se conviertan en hábitos. 

 

1. Cuando realizamos una pregunta en clase, inmediatamente buscamos que algún estudiante se ofrezca para dar una respuesta 

Cuando realizamos una pregunta esperando que alguien la conteste, generalmente sucede lo siguiente: los estudiantes evitan el contacto visual, siempre son los mismos alumnos quienes se ofrecen para contestarla o tu mismo respondés la pregunta. Muy pocos se molestan en pensar una respuesta sabiendo que eventualmente otro la contestará.

 

2. Hacer preguntas a estudiantes de forma sorpresiva 

Parás una lectura en la mitad y le preguntás a un estudiante: "Juan, ¿qué sigue ahora?". Algunos se sentirán incómodos y varios probablemente tengan dificultad para pensar en una buena respuesta bajo presión. Si como docente tenés la costumbre de hacer preguntas de forma sorpresiva, lo que sucederá es que los alumnos se sentirán intimidados y lejos de seguir la lectura estarán cruzando los dedos para que no digas su nombre. Una estrategia mejor sería realizar una pregunta y dar un margen de tiempo para que elaboren una respuesta. Puede ser en grupo o de forma individual. Una vez que el tiempo se acabó preguntale directamente a algún alumno cuál es la conclusión a la que llegó. Si la respuesta que da no está completa o no es correcta, entonces sí preguntá a la clase para ver quién se ofrece a dar contestar. De esta manera, evitarás que los estudiantes se sientan intimidados y obtendrás mejor calidad de respuestas.

 

3. Transformar una clase en la presentación de un PowerPoint 

Se volvió algo muy común que los docentes abran un archivo PowerPoint con los apuntes de la clase y vayan hablando a medida que pasan las diapositivas. Este tipo de clases son una pérdida de tiempo, tanto para el estudiante como para el profesor, asegura Felder. Se convierten en clases aburridas donde los alumnos no tienen nada que los incentive a participar. Si los alumnos no tienen una copia en papel de las diapositivas les costará seguirte; y  si tienen una copia la leerán más rápido que vos. Convertir una clase en la exposición de un PowerPoint es un ejemplo del error que veremos en el siguiente punto.

 

4. No brindamos las instrucciones suficientes 

Como vimos en el punto anterior, dictar una clase únicamente mediante la exposición de un PowerPoint es muy poco efectiva y casi no contribuyen al aprendizaje. Pero lo mismo pasa si la lectura no ofrece nada visual, como pueden ser diagramas, videos o fotos; algo para lo que es de gran utilidad el PowerPoint. Por eso, una manera efectiva de lograr que el objetivo de la clase se cumpla es a través de un mix compuesto por: videos, discusiones, experiencias, tareas individuales y en grupo. Cuanto más variado sea ese mix más efectivo será el aprendizaje.

 

5. Promover trabajos en grupo sin dar una responsabilidad individual 

Toda persona que realizó alguna vez un trabajo en grupo sabe cómo es la dinámica. En un grupo de cinco personas solo dos trabajan mientras que el resto apenas se esfuerza por comprender lo que sus compañeros de equipo hicieron. Esto es muy injusto para los más trabajaron ya que todos obtienen la misma calificación. El problema es que además de generar conflicto entre los estudiantes, no enseña a los alumnos cómo se trabaja en equipo y las enormes virtudes que esta dinámica de trabajo ofrece para conseguir un objetivo. La mejor manera de lograr que los trabajos en grupo sean efectivos es a través del aprendizaje colaborativo. Para ello, es importante que cada integrante del equipo tenga una responsabilidad individual que los obligue a comprometerse en el trabajo.   

 

6. Nos equivocamos a la hora de establecer las relevancias 

Los estudiantes aprenden mejor cuando identifican de manera clara y precisa cuáles son los aspectos relevantes del curso y cómo se relaciona con sus intereses y objetivos personales. No basta con decirle "esto es muy importante que lo sepas y en un par de años te vas a dar cuenta por qué". Si lo que querés es motivar a tu alumnos, lo mejor es que antes de cada tema establezcas una relación entre el contenido de la clase y la importancia que tiene para su futuro. Una vez que logres transmitir la importancia de la materia, plantea ejercicios de resolución de problemas en contextos que formen parte de la vida cotidiana.

 

7. Realizar pruebas demasiado extensas 

Según explica Felder, los profesores de ingeniería suelen plantear exámenes muy largos. Estas pruebas generalmente incluyen problemas que insumen demasiado tiempo. Habrá quienes lleguen a terminar el examen en tiempo y forma y que casi no cometan errores, pero aquellos que no lograron resolver los ejercicios  o no tuvieron suficiente tiempo para hacerlo obtendrán una calificación deficiente. Muchas veces, luego de atravesar varias experiencias frustrantes de este tipo, algunos jóvenes terminan cambiando de carrera. Cuando se consulta a los docentes de ingeniería sobre esta problemática lo que suelen decir es que se debe a que son alumnos perezosos o incompetentes y que no tienen las competencias necesarias para ser ingenieros. Sin embargo, para Richard Felder esta apreciación es errónea. Nunca nadie demostró que un estudiante que resuelve un examen en 20 minutos tendrá un mejor desempeñó como ingeniero que uno que necesitó el doble de tiempo. De hecho, aquellos alumnos que son más metódicos y cuidadosos, pero más lentos, probablemente se conviertan en mejores ingenieros que aquellos que son rápidos pero más descuidados. 

Si querés evaluar el potencial de un estudiante para convertirse  en un profesional exitoso, evaluá sus conocimientos y habilidades en la materia que enseñás, no la velocidad para resolver problemas.

 

8. Quedar atrapados en una rutina 

Muchos docentes que dictan el mismo curso en varias oportunidades se sienten conformes con su manera de impartirlo y no realizan modificaciones, excepto por algunas actualizaciones puntuales. Sucede que frecuentemente sus clases se convierten en algo mecánicas y aburridas para los alumnos, y con el correr del tiempo, se vuelven anticuados. Sin embargo, ocurre que se presentan oportunidades que permiten realizar mejoras en los programas, desde nuevas ideas para dictar sus clases, recursos o cambios en la economía que obligan a realizar ciertos ajustes. Esto no quiere decir que se deban realizar revisiones más exhaustivas de los cursos, sino que los docentes deberían estar atentos a posibles oportunidades de mejora que puedan presentarse adaptarse a sus cursos. Para ello, es recomendable asistir a conferencias, leer artículos educativos relacionados con la disciplina o revisar la nueva bibliografía disponible cada determinado tiempo.

 

9. Enseñar sin objetivos de aprendizaje claros 

En el enfoque tradicional de la enseñanza, los cursos se preparan diseñando lecturas y trabajos que contemplen el programa de estudios. Esto muchas veces lleva a los docentes a pensar por primera vez qué quieren que los alumnos incorporen del curso que se imparte, sea cuando planifican el examen. Para ese momento, quizás sea demasiado tarde. Después de todo, no sería ético evaluar a los estudiantes en habilidades que no se vieron en clase. Por eso, una manera de evitar esto es plantearse al principio del curso objetivos acerca de qué deberían ser capaces de resolver los estudiantes en caso de haber incorporado lo que el profesor eneñó y aprovechar esa lista de objetivos para planificar las clases y los exámenes.

 

10. Ser irrespetuosos con los estudiantes 

Incluso si realmente considerás que respetás a tus estudiantes puede suceder que los estudiantes no tengan la misma percepción que vos. Para evitar que esto pase: no realices comentarios sarcásticos en clase sobre las habilidades o inteligencia de un alumno o grupo; nunca menosprecies una pregunta o respuesta; no des la impresión de estar parado frente a la clase solo porque es tu trabajo; procurá no cancelar las clases; mostrate dispuesto cuando los alumnos recurran a ti los horarios de consulta fuera de clase. 

Si los estudiantes sienten que no sos respetuoso con ellos, probablemente la clase se convierta en una mala experiencia para ambos.

 

 

 



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